Transantiago: el alumno con la nota más mala

Por Leopoldo Pérez Lahsen, diputado de Renovación Nacional.

Cuando el 31% de los usuarios del Transantiago señala en una encuesta que no acudiría a ninguna instancia para reclamar contra el servicio, estamos frente a una batalla perdida, muy mal síntoma para los tiempos que corren, donde debemos fortalecer y creer en las instituciones que defienden a la ciudadanía.

El 10 de febrero se cumplirán nueve años del sistema que muestra una dura paradoja a los ojos de la sociedad: los millonarios subsidios otorgados versus la poca dignidad del transporte para millones de santiaguinos, especialmente los más vulnerables.

En todo este período la evasión subió de 13,5% a 26,9% en 2015, o sea, se dobló. Solo el último año los operadores perdieron US$150 millones, de los US$230 millones recibidos vía subsidio.

No es casualidad, entonces, que sea el Transantiago nuevamente el peor evaluado en la decimotercera versión del estudio “Percepción de la población pobre de Santiago sobre servicios básicos y transporte público al año 2015 y visión evolutiva desde el año 2003”. Un deficiente 4,1 es la nota que recibe el Transantiago. Calificación incluso generosa, si consideramos la pésima calidad del servicio, pese a haber recibido en sus años de funcionamiento US$8 mil millones en aportes del Estado. Son cifras de otro planeta para un sistema que tuvo un mal diseño e implementación desde el inicio y que durante todo este tiempo fue objeto de maquillaje, pincelazos y caretas para solventar costos operativos que jamás se convirtieron en mejoras palpables para los usuarios.

La segunda peor evaluación se la lleva el Metro, con nota 4,5. El transporte subterráneo, otrora orgullo nacional, sufrió una baja en viajes de 1% por primera vez en seis años. El capital urbano que representaba este medio de transporte se ve fuertemente impactado, haciendo retroceder una política de transporte público que avanzaba en la dirección de prescindir del auto, para movilizarse en medios distintos que permitan mejorar la calidad de vida y descongestionar nuestra metrópolis. El sistema está definitivamente colapsado, responsabilidad heredada del Transantiago.

Así, y a pesar de que el Gobierno intenta desesperadamente integrar los distintos sistemas de transporte que convergen en el Gran Santiago, el servicio continúa siendo malo porque las autoridades se han dedicado a tapar errores con nuevos fracasos.

Teniendo en cuenta las desastrosas cifras de evasión y pérdidas anuales del sistema, recién ahora el Ejecutivo anuncia que pondrá urgencia a un proyecto que fortalece la fiscalización.

En distintas oportunidades he mencionado que la solución es un rediseño gradual, que busque mejorar la calidad y dignidad del transporte metropolitano, pero hay oídos sordos que por orgullo o porfía prefieren ignorar. No daré por perdida la batalla, por eso insistiré y exigiré el giro que necesita dar el Transantiago para que deje de ser, entre la población que lo utiliza, la condena diaria de vivir en un país donde las cosas no están funcionando.

 

 

Columna publicada por Pulso, el 4 de febrero de 2016.