asamblea constituyente


Proceso Constituyente: Debatamos sin complejos

Por Marcelo Gutiérrez, vicepresidente Juventud Renovación Nacional

@marcelogutierre

El debate constitucional en nuestro país llegó para quedarse. Los anuncios de la Presidenta Bachelet respecto a los temas de transparencia en política eran esperables y en gran parte compartidos por todos los sectores. La sorpresa se encontró en el aviso del “proceso constituyente” que se iniciará en septiembre.

Al enfrentarnos a este escenario, es imperativo apoyar las medidas de probidad y fortalecimiento de nuestra democracia desde el sentido republicano: Límites en la reelección de cargos, reinscripción de militantes, autonomía del Servel, mayor regularización y fiscalización entre los negocios y la política, límites a la propaganda electoral, entre otros. En resumen, un conjunto de medidas que oxigenan y renuevan nuestra democracia y que en los días previos al Consejo Nacional de RN fueron promovidos por la Juventud de nuestro partido y el Vicepresidente Nacional Tomás Fuentes. Es importante añadir que además la JRN, junto a Fuentes, está liderando la noble misión de realizar primarias en todo el país y para todos los cargos.

Por otra parte, la notificación del comienzo de este  proceso constituyente para muchos sectores significa el fantasma hecho realidad de la Asamblea Constituyente. Sólo poner el tema en el debate pareciera algo catastrófico y que deja todo lo creado hasta ahora tambaleando.  Sin embargo, el senador Andrés Allamand ha sido enfático al señalar: “Hay que enfrentar de una vez por todas la discusión de una nueva Constitución o la modificación de la actual”. Ese es sin duda el camino que como partido y sector debemos elegir. Las  juventudes de la Nueva Mayoría han transmitido mediante diversas redes sociales el slogan “Las Reformas Van”, el cual fue confirmado por la Presidenta en cadena nacional, quien pese a su baja aprobación, no desistirá de impulsar reformas,  independiente del sentimiento y reacción que provoque en la ciudadanía.

Frente a esto, tenemos la opción de oponernos rotundamente, pero eso sólo nos llevará a mirar desde la tribuna como se producen reformas constitucionales lejanas a lo que nuestro país quiere y necesita. En el peor de los casos, podríamos ver una Constitución que no contenga la defensa del que está por nacer, subsidiariedad, el derecho a la propiedad privada y tantos otros propios principios de una democracia liberal. Que sencillo sería si criticáramos y observáramos desde una cómoda posición de artillería, nos diríamos a nosotros mismos que no tuvimos la culpa, que no son nuestras ideas, pero en el fondo sabríamos que pudimos haber hecho algo mejor, que pudimos haber influido pero decidimos criticar antes de actuar.

La segunda opción, es adoptar una posición por cada ítem que marque la agenda, debatir tema por tema y hacerle ver a la Presidenta y al país que una Constitución debe ser el resultado de un gran acuerdo nacional, que debe contener los principios comunes con los que todos estemos de acuerdo.

En esa línea, levantar propuestas regionales a través de nuestras autoridades: parlamentarios, alcaldes, cores y concejales, hará que la Asamblea Constituyente como única salida pierda validez, pues de esta forma todos los partidos políticos -como también sectores independientes- estarán representados y con argumentos para la discusión. No obstante, es importante recordar que toda instancia resolutoria debe pasar por nuestro Congreso Nacional, que es desde donde emana la voluntad soberana de nuestros ciudadanos.

Quizás la fórmula para solucionar el dilema que se nos aproxima no sea la que propongo en estas líneas, y por ello debemos hacernos partícipes de analizarla y corregirla. No podemos permitirnos estar fuera de este debate. Cuando la Presidencia de la República anuncia cambios estructurales a nuestra Constitución,  pasa a ser un deber tener una propuesta como sector. Hemos renunciado a muchas batallas en el pasado, pero abandonar ésta significa renunciar a gobernar.