Reforma a la Educación Superior

Señor director:

Durante los últimos días la Nueva Mayoría y su gobierno han brindado un nuevo espectáculo de desorden e improvisación en lo que según ellos es una de sus más emblemáticas reformas: a la educación superior.

Y es que pese a ser aprobada la idea de legislar en la Cámara Baja, la iniciativa del Ejecutivo ni siquiera convence a todos los diputados oficialistas, quienes la semana pasada pusieron suspenso a la tramitación del proyecto.

Pero, ¿por qué –teniendo mayoría en el Congreso- les está costando tanto sacar adelante su reforma estrella? Porque es mala.

Es un proyecto que no mira –ni menos resuelve-  las necesidades ciudadanas y se queda prisionero de los eslóganes de campaña y las consignas de quienes dicen representar a “la calle”.

Resulta que tras el bochorno de la Nueva Mayoría en la comisión de Educación, la Presidenta Bachelet pide que pensemos en los estudiantes y sus familias. Sin embargo, si realmente quiere pensar en ellos, es hora que deje de venderles humo con una promesa de gratuidad universal que no podrán cumplir, porque no hay recursos.

Tal vez estemos lejos de tener una billetera fiscal que permita pagar la educación superior de cada uno de los chilenos. Por eso es tan irresponsable el ofrecimiento de entregarla sin costo alguno a todos por igual, cuando hay quienes tienen de sobra para costearla.

Nuestro sector no está en contra de la gratuidad, sino que lo que encontramos injusto y regresivo es precisamente la gratuidad universal. Si es necesario aprobar una gratuidad, donde exista financiamiento, por ejemplo, para el 50% de los estudiantes más vulnerables, sin discriminación, sin bancos y donde el foco esté puesto en una educación de calidad, estaremos disponibles en la medida que existan los recursos.

Aquí el gobierno de la Nueva Mayoría más que empujar un proyecto para cumplir con las promesas de campaña, debe dejar de engañar a miles de estudiantes y pensar en un proyecto que sea viable, realista y que perdure en el tiempo.