Que la Presidenta recapacite

Por Sergio Melnick

El presidente de la DC señaló que en la Nueva Mayoría hay un síndrome de infantilismo progresista que está produciendo mucho daño. Tiene razón. No basta con intenciones, discursos y caricaturas para hacer los cambios. El Transantiago quedará por décadas como el símbolo de la grandilocuencia incompetente y el voluntarismo irracional. Hoy es un pesado lastre sin solución.

Las reformas de la educación no hacen absolutamente nada por la calidad. De nada sirve una educación gratuita, pública, sin selección, si es aún peor que la actual y más cara. ¿Por qué no mejorar la mala educación pública antes de destruir la privada? Nadie lo entiende. Aún es tiempo de recapacitar, a pesar de que la urgencia vuelve a evitar la discusión de un tema tan trascendente, y muestra una vez más que la Cámara de Diputados es un mero buzón del Ejecutivo.

En salud, la comisión hecha ad hoc por la Presidenta fue una farsa: las conclusiones estaban antes de partir. Buscaba sólo pasar la retroexcavadora a la salud privada, arrasando con la clase media que logró llegar ahí. ¿Por qué no partir por mejorar la salud pública antes de destruir la privada? Nadie lo entiende. Aún es tiempo de recapacitar.

En trabajo se anuncian propuestas que reflejan sólo compromisos con la CUT, uno de los actores, pero no con el mercado laboral completo. ¿Por qué no priorizar la lucha contra el desempleo, en lugar de mejorar a los que ya lo tienen? Nadie lo entiende. Aún es tiempo de recapacitar.

La reforma tributaria ya pasó y no es auspiciosa para el país, pues debilita fuertemente la economía, el empleo, la inversión. Sumada a la reforma laboral, puede anunciar aún peores tiempos. Si el gasto fiscal fuese inversión, podría compensar algo a mediano plazo, pero la reforma educacional no hace nada por la calidad (léase productividad).

La reforma al binominal es también improvisada, y un traje a medida para el Gobierno. No es tan proporcional como se cree, y los pactos (en discusión) generarán aún más distorsión que el binominal. Ya se equivocó la clase política con el período presidencial, el voto voluntario y tantos más. Se está equivocando otra vez. Estas reformas requieren consensos inexistentes. La fragmentación aumentará y hará la gobernabilidad muy difícil. No se puede modificar sólo una parte del sistema político dejando el resto igual. Es un serio error de principiante.

Mientras, la economía languidece. El ministro cree que los discursos y el gasto público solucionan problemas. La Presidenta le cree, y fallará como en 2009. La delincuencia se desbocó y apareció el terrorismo, temas que requieren de una unidad nacional, que está siendo erosionada por el infantilismo progresista. Las encuestas revelan menor apoyo al Gobierno y que la población no se identifica con partidos. Los líderes están fallando, la polarización avanza y el clima hostil sólo crece. La palabra la tiene la Presidenta, que debe demostrar si intenta gobernar para el país, o sólo para su sector y es cómplice de la retroexcavadora. La historia dirá. Yo espero que recapacite.