¿Qué hacer en La Araucanía? Por Sergio Melnick

Por Sergio Melnick

El tema de La Araucanía se arrastra gobierno a gobierno y nunca se resuelve. Nadie sabe muy bien qué hacer. El problema sigue y no es sólo de los mapuches, sino que en definitiva es del país en su conjunto.

Reconozco con humildad que el tema me queda grande, y que no lo entiendo en todas sus aristas. Pero es primera vez que veo algo integral, serio, propositivo y posible, como es el proyecto del senador Espina. La esencia es simple pero no trivial y tiene dos caras: una requiere que todos los afectados se logren sentar a trabajar y acordar las soluciones. La otra, que la agenda tenga efectivamente todos los temas críticos de trabajo. En ese camino, las premisas básicas son tres: primero hay que dar reconocimiento institucional a los pueblos originarios, de manera compatible con la institucionalidad general. Segundo, los actores mismos deben participar en las decisiones o acuerdos para que estos funcionen y sean legítimos y, tercero, hay que poner recursos significativamente.

Para el desarrollo de este trabajo, se propone la creación de un Consejo o Aukiñ para la Paz en La Araucanía, integrado por representantes del Estado, del pueblo mapuche, agricultores, parceleros y emprendedores forestales. Este consejo tiene cuatro áreas para la agenda: (1) el tema de las tierras, (2) la pobreza rural, (3) la institucionalidad y (4) la violencia.
El tema de las tierras, nos guste o no, existe y negarlo es lo peor. Hay que darle un corte de una vez y para siempre. Hay que hacer un catastro definitivo, acordado por los actores, y proceder de manera concluyente.

El tema de la pobreza, la infraestructura y la asociatividad han estado en la agenda social de los gobiernos. La propuesta es una Corporación de Fomento Rural de La Araucanía que acompañe la asignación de tierras y las necesidades de capital humano e infraestructura.

El tema del reconocimiento como pueblos originarios, junto con el de las identidades y la diversidad, requiere también reconocer el ser parte de una identidad agregada que es la chilena. Todos son parte. Quizás se requieran cuotas en el Parlamento como se propone hoy para las mujeres. Quizás es un nuevo tipo de Ministerio de Asuntos Indígenas. Finalmente está el tema de la violencia. La gran mayoría de los pueblos originarios y en particular los mapuches no son violentos, pero la violencia está y debe ser erradicada. Las víctimas son de todos lados, no sólo de un lado. Aquí operaría el Consejo u Aukiñ.

En fin, por primera vez aparece una luz en la oscuridad. Esperamos que lo acoja el gobierno de Bachelet, otras autoridades, los agricultores, y todos los chilenos. No podemos llevar este tema a las ideologías de izquierda o derecha; es un asunto de Estado.