Para qué queremos gobernar Chile

Por Cristián Monckeberg, presidente de Renovación Nacional.

Las próximas elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales se van a jugar en un clima enrarecido, en el que la Nueva Mayoría -esclava de un programa imposible de ejecutar y con problemas graves de gestión- sólo ha generado incertidumbre y una profunda desilusión en la ciudadanía. Además, los casos de financiamiento irregular de campañas electorales han dejado la credibilidad de la política en el suelo.

En medio de este escenario, los chilenos exigen certezas, un camino claro y un objetivo común, que nos permita retomar el rumbo como país. Por esto, los partidos de Chile Vamos no sólo deben ser capaces de ofrecer buenos candidatos, sino que responder para qué queremos gobernar en 2018, cuáles son las propuestas y los sueños que nos mueven como sector político y por qué creemos que podemos hacer un mejor trabajo que la izquierda.

En los próximos días, en Renovación Nacional daremos el puntapié inicial al trabajo de un equipo que recogerá las ideas y las propuestas que cimentarán el programa de gobierno del partido, a través de una serie de comisiones temáticas. Pretendemos que sea una labor que responda a nuestra profunda relación con las regiones y las aspiraciones locales, pero que además no sólo convoque a nuestros militantes, sino que también a quienes hoy miran a los partidos políticos con desconfianza.

Queremos un programa que priorice el bienestar de las personas y sus familias, que les permita creer en un mejor futuro, que se enfoque en la generación de oportunidades y sea capaz de llegar al corazón de las personas. Suena sencillo, pero ¿cómo lograrlo? Simplemente no hay recetas, pero estoy convencido de que recurrir a nuestros principios y valores, a la participación ciudadana y ser audaces, son los pilares fundamentales para lograrlo.

Lo primero es hacerse cargo de los graves efectos que tuvo para el país y para la centroderecha la decisión de evitar la batalla de las ideas. Por años, como sector nos conformamos con ofrecer una promesa efectiva de mejor gestión y de números azules. Sencillamente apagamos el radiotransmisor y le cedimos la cancha a la izquierda con graves consecuencias.

Hoy, es necesario que despertemos y nos rebelemos a los intentos de la izquierda por elevar al Che Guevara al rango de santo de altar; que rechacemos el capricho trasnochado que demoniza la colaboración público privada y que deja a millones de chilenos sin hospitales; y que denunciemos los desaciertos de un gobierno acomplejado y despreocupado de la seguridad de las personas.

La justicia social, la libertad, la meritocracia, la responsabilidad, el respeto, la diversidad y la tolerancia deben dejar de ser meros conceptos y transformarse en la fuente de nuestras propuestas. En tanto, la fórmula de un Estado que fije las reglas, pero que no asfixie ni abandone a la ciudadanía; la promoción del trabajo digno y no sólo la creación de empleo; y el rechazo a los abusos vengan de donde vengan, deben pasar a acciones concretas.

Por qué no invitar a los chilenos a soñar con un Estado que en lugar de una red de protección social es capaz de estructurar una red de promoción social, en la que las familias sean capaces de salir de la pobreza y construir su futuro con sus propias manos, sin tener que depender de un sistema clientelar, que cada gobierno usa para su propio beneficio electoral.

Soñar con mejorar la calidad de vida de sus trabajadores, disminuyendo o flexibilizando la jornada laboral, para que tenga más tiempo para disfrutar con sus familias y estableciendo mecanismos que, al mismo tiempo, nos permitan mejorar la productividad del país.

Con municipios que son capaces de asumir mayores responsabilidades en el combate a la delincuencia y que cuenten con los recursos financieros y profesionales adecuados.

Por último, por qué no atrevernos a construir un país más democrático y proponer un régimen semipresidencial, en el que el Mandatario de turno no es un monarca y en el que poder legislativo es realmente representativo.

La construcción de un programa de gobierno debe ser mucho más que la reunión de un conjunto de propuestas. Es la oportunidad de construir un Chile más justo, libre y próspero. No la desperdiciemos.

 

 

Columna publicada por El Líbero, el 5 de diciembre de 2015.