Llamado a concurso público. 

Por Felipe Cisternas Sobarzo, prosecretario general, Renovación Nacional.

@FelipeCisternas

LLAMADO A CONCURSO PÚBLICO

Cargo: Político Decente.

Número de Vacantes: Indefinido.

Este concurso se ha declarado desierto muchas veces, me advertía mi amigo “El Pichicho”, un destacado participante de un Club de Billar, de calle San Diego, Santiago Centro, que está muy a caballo de la contingencia nacional. Se reía del mes de febrero, del antiguo “mes sin noticias”, las que hoy abundan y son tristemente célebres. Sin duda alguna, de nuestra conversación nacieron varias reflexiones, que me complace compartir con el lector interesado, aprovechando esta plataforma liberal.

“Los políticos valen hongo, son el mismo contenido con distinto envase, sólo se preocupan de asegurar el chancho, son de doble chapa, pintamonos, flojos, aprovechadores y de un carerrajismo increíble”, dice la mayoría de la gente. Lamentablemente, esta es nuestra fama. Tal vez, es lo que cosechamos.

Por otra parte, existen algunos políticos -ojalá no sean la mayoría- que pregonan a los cuatro vientos que en política hay que ser “implacable, cuero duro, tener cinturón de correa gruesa” y otras ideas igual de perdidas en el tiempo y en el espacio. Quizá esos políticos contribuyen a esa mala fama, por su actitud demasiado agresiva, casi gansteril.

Ciertamente hay muchos políticos decentes, pero la mayoría son poco conocidos, porque suelen no estar dispuestos ni a la cuña fácil ni a la frase para la galucha.

Verdaderamente vergonzosos y escandalosos han sido los casos PENTA, YATE, DÁVALOS y SQM. “Ladrones, corruptos, oportunistas y sinvergüenzas”, es lo que dice la misma gente. Pareciera que ya estamos en otro país de Latinoamérica. Sin embargo, todo esto es sólo la gota que rebalsó el vaso. Por lo tanto, una nueva ley de financiamiento y de regulación entre dinero y política es sumamente necesaria, pero debemos ir mucho más allá.

Los partidos deben mejorar la selección de personal. La locuacidad, la figuración y las carreras personales se quedan cortas. Hay que pensar en grande, teniendo presente que la finalidad de todo partido político es llegar al poder, pero con un objetivo colectivo, claro y noble. Verdaderamente debemos luchar por el bien común: el de cada individuo, el de todos nuestros habitantes y el del todo, para lograr una vida lo más armoniosa posible.

A quienes les gusta “asegurar el chancho” hay que invitarlos a que dejen de estorbar, a que cambien su actitud y a que entiendan que la gente no los va a seguir apoyando. Que ya Chile se cansó, que ahora Chile tiene voz, que se expresa en la calle, en movimientos, en las redes sociales, en la prensa nacional e internacional. La gente ya no se intimida por cualquier cosa y ya no cree cualquier declaración pública. Chile ya no quiere elegir lo menos malo de lo que botó la ola, quiere elegir lo mejor.

Más que dirigentes tremendamente astutos, la gente quiere dirigentes decentes, preocupados genuinamente de sus problemas y de sus sueños. Quieren dirigentes que escuchen sus necesidades, que empaticen con la realidad de los postergados. Necesitamos políticos más humanos, más normales y no tan subidos por el chorro.

El barco de la mala política se está hundiendo. Obviamente, hay algunos que quieren salvarse; otros, en cambio, tozudamente y con exceso de confianza, siguen creyendo que lograrán avanzar más en su propia carrera política. A ellos no hay mucho que decirles. Deberán estrellarse contra la realidad;  sus seguidores gradualmente dejarán de inflarlos.

Necesitamos líderes de verdad, necesitamos otra clase de personas, que puedan conversar entre sí y acabar de una vez por todas con las disputas por el protagonismo de la película del momento.

Más que la experiencia laboral, experiencia académica o manejo de idiomas, se requiere experiencia en integridad y preocupación por los demás. Es la hora de presentar un buen currículum, es la hora del político decente.