¿Legalizar el consumo de marihuana?

Por Felipe Mancilla Mejias

Los últimos antecedentes del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del consumo de Drogas y Alcohol (SENDA), señalan que durante el periodo 2011 – 2013 el consumo de marihuana en la población escolar aumentó un 56,9%; lo que implicó que los jóvenes chilenos estén consumiendo 4 veces más marihuana que la población en general. De la misma manera, el estudio establece que en Chile existe un amplio mercado de marihuana – calculado por sobre los 20.000 kilos anuales- del cual, sólo apenas dos tercios logra ser decomisado.

Ante ello, muchos parlamentarios han señalado que la batalla contra el narcotráfico y contrabando de la marihuana está perdido y que para ello una solución podría ser la legalización – lo que permitiría que esta droga entre al mercado como un producto más- para regular el autoconsumo. Ante esta propuesta, es necesario preguntarse si ¿esta medida realmente generaría beneficios para nuestra sociedad en su conjunto?, ¿cómo afectaría esta medida en los sectores más vulnerables? Y si ¿Realmente hemos dado la batalla contra el narcotráfico y el consumo de marihuana?

En primer lugar hay que ser sensato en el debate, el consumo de la marihuana no es contemporáneo, al contrario; en la historia de la humanidad se ha encontrado evidencia que muchos pueblos y culturas anteriores a la nuestra ya la consumían. La diferencia radica en que éstos lo hacían con fines distintos a los de hoy; mientras nuestros antepasados lo hacían con un uso configurado por sentidos fuertemente trascendentes para conectarse con dioses y espíritus, hoy se hace para satisfacer necesidades hedonistas y egocéntricas regidas por el mercado como un “bien de consumo” más.

En la misma línea, debemos preguntarnos si es lo mismo fumarse un “pito” en Las Condes o La Dehesa que hacerlo en La Legua o Bajos de Mena. La respuesta evidentemente es no, ya que por un lado, son las personas que habitan en las comunas de mayores recursos económicos los que más pueden acceder a tratamientos médicos, mientras que en los sectores populares el consumo de drogas está altamente relacionado con el contexto que los rodea. Es más, han sido nuestros grandes deportistas que hoy nos representan en el extranjero –Gary Medel, Arturo Vidal, “Crespita” Rodríguez, Erika Olivera, entre otros- los que han declarado en varias oportunidades, que de no haber sido deportistas habrían estado robando o traficando drogas.

En segundo lugar, tal como ha señalado en varias oportunidades Sergio Canals – Psiquiatra y diplomado en Filosofía-, hoy se sabe con absoluta certeza que la marihuana dado sus altos componentes de THC – alrededor del 20%- perturba el delicado equilibrio fisiológico destinado a la producción de nuestras “propias marihuanas” endógenas, que de manera natural producen sensaciones de relajación y tranquilidad, sensaciones de placer, junto con otros efectos terapéuticos.

Así mismo, la ciencia ha demostrado que mientras más precoz el consumo de drogas – duras o “blandas”- en adolecentes o niños, mayores son los riesgos de uso, abuso y adicción debido a la inmadurez cerebral, esto porque el cerebro termina de madurar alrededor de los 25 años.

Es por esto, que urge realmente dar una batalla contra las drogas, aquella batalla que pone el énfasis en la educación, en la prevención, en la reinserción y rehabilitación. Querer creer que la batalla contra el narcotráfico se gana por cuanto más se financia a nuestras policías antinarcóticos, es no querer ver la realidad social que se esconde detrás del consumo de drogas en las poblaciones y en los sectores más marginados de nuestra sociedad.

De esta manera, debemos dar una solución concreta a este tema con sentido social, pues despenalizar el auto cultivo, significaría la presencia de un “mercado legal”, exponiendo de forma no ética, a niños y adolescentes de riesgo a su uso precoz.