Haz todo, haz nada: “La derecha en la Crisis del Bicentenario”.

Por Francisco Javier Valdés – Militante RN, investigador y asesor legislativo “Instituto Libertad”.

@PanchoValdes

El libro La derecha en la Crisis del Bicentenario, de Hugo Herrera (Ediciones UDP, 2015), puede ser leído desde el optimismo o bien desde el pesimismo. Ya su primera frase nos podría llevar por el camino del pesimismo, pues sostiene  que “la derecha chilena se encuentra en una crisis grave, una crisis intelectual”. Pero habiendo leído y madurado durante unos días lo que expone, no me queda duda de que el profesor Hugo Herrera es un optimista, al menos, moderado. Tanto es así que presenta la falta de “un pensamiento más sofisticado y pertinente que el actual, más abierto a la realidad y con mayor densidad teórica” como un vacío que clama por ser llenado y, como licenciado en Ciencias Jurídicas, bien sabe que nadie está obligado a lo imposible.

El autor defiende a lo largo del libro la tesis de que Chile está viviendo un cambio de ciclo consistente en el desajuste “entre el pueblo, sus ideas, sentimientos y creencias” y las instituciones que lo rigen. Es en este escenario en el que la derecha debe buscar una especie de nuevo sentido común, que ajuste las instituciones a la medida de las aspiraciones del pueblo o, bien, conduzca dichas aspiraciones con liderazgo detrás de su modo de entender al hombre y la sociedad, reconduciéndolas y haciéndolas compatibles con las instituciones hoy vigentes.

Herrera nota un hecho que, por evidente, pasa casi desapercibido: la derecha no siempre ha sido como es hoy, y, con toda seguridad, tampoco la que salga de esta crisis será igual a la que conocemos. Así, y con una evidente nota de humor e ironía, titula el primer apartado del capítulo III como “Noticia del hecho de una historia intelectual de la derecha”, como una suerte de cachetada que busca despertar tanto a políticos como a teóricos –y toda la fauna comprendida en el intermedio– e invitarlos a una verdadera reflexión que vaya más allá de la tan repetida “búsqueda del relato”. Sí, la derecha tiene una muy nutrida historia intelectual de la cual sentirse orgullosa y continuadora.

La noticia de que la derecha no nació en los últimos 30 ni 50 años nos puede llenar de optimismo, ya que si bien la de hoy es incapaz de responder a los desafíos del presente –de ahí que la describe como desvariando entre el mutismo y el activismo vacío–, nos recuerda que precisamente fue la derecha la que logró sortear con mayor éxito e influir en el país en la llamada “Crisis del Centenario”, citando profusamente a los colosos Encina y Edwards. Yendo incluso más allá, podemos recordar que quienes hoy intentamos desempeñarnos en la actividad política desde esta vereda somos herederos de gran parte de los constructores de la República; figuras de la talla inmortal de O’Higgins y Carrera, Portales, Montt y Varas, Balmaceda, Jorge Alessandri, Guzmán y una lista tan larga que, el solo hecho de hacerla, ya es violento por la gran cantidad de prohombres que quedan injustamente fuera.

Esa lista de próceres de la construcción de la chilenidad no puede sino despertar en nuestras mentes y corazones la exigencia de ser más y estar a la altura de lo que la historia de Chile y de nuestro sector nos exige, y que nuestros compatriotas de hoy y mañana nos demandan. Desde esa altura podremos entender, como él propone, que “las derrotas electorales son sólo el reflejo último de una realidad directamente asociada a aquella carencia fundamental de discurso.”

Por último, Herrera nos abre los ojos respecto a algo que la izquierda ha sabido desde que era casi una fuerza adolescente: que el poder no sólo se limita a las estructuras formales del Estado. Nuestra fetichización del Estado –paradójica, si analizamos las corrientes que nutren al pensamiento de derecha– nos ha llevado no sólo a perder, sino que a entregar, como quien da algo que carece de valor, todas las demás estructuras legítimas de poder. Por eso hoy la derecha es hábil en políticas públicas, pero inexplicablemente torpe para desenvolverse en todas las fuerzas vivas que constituyen el cuerpo que es nuestra sociedad. De ahí el abandono de los sindicatos, juntas de vecinos, universidades, medios de comunicación y cuanta manera hay de manifestar nuestras ideas más básicas sobre el adecuado orden que debiera tener la sociedad. No tengamos miedo a llevar nuestras ideas, o al menos intuiciones, a todos los espacios en que nos encontramos con los otros. Aristóteles, desde su pedestal, y Góngora detrás de su podio, sin duda nos lo agradecerán.

Cierro con una última gota de esperanza. Estoy seguro de que la generación que hoy entra a hacerse cargo, tanto de la acción como de la reflexión política, siente el peso sobre sus hombros. Ha perdido demasiadas discusiones, debates y elecciones, y no está dispuesta a que esto siga ocurriendo por desidia propia. Herrera es parte de aquellos que, sin miedo, han decidido lanzarse a ese desafío. Su libro es una especie de grito, del cual espera se siga el silencio de quienes, conscientes de la batalla que se avecina, se preparan y discuten en voz baja y tras las líneas enemigas, tras la apariencia de estar haciendo nada, sobre la mejor manera de enfrentar el combate. Un combate por un Chile más justo, humano, libre, próspero y solidario.