El terremoto de la desigualdad

Por Marcelo Brunet y Marcelo Gutiérrez.

Hace más de una semana fue el terremoto en la región de Coquimbo, el balance total indica que hay más de 3.000 damnificados, eso significa que 3.000 personas perdieron su hogar, su fuente de trabajo, familiares y proyectos de vida de años. El terremoto claramente no es culpa de nadie, es imposible responsabilizar a las autoridades o instituciones por un desastre natural, pero las consecuencias de este si se pueden responsabilizar sobre todo cuando los daños pudieron haber sido mucho menores, si hubiésemos tenido políticas públicas que previnieran estos daños.

En el último año un sector importante de la derecha ha demonizado el problema de la desigualdad en Chile, importantes líderes incluso han dicho que la desigualdad no puede ser resuelta y que es hasta positivo que exista, Axel Kaiser publicó hace poco “La Tiranía de la Igualdad” y los denominados libertarios han expuesto que los que intentamos combatir la desigualdad somos enemigos de las libertades, que nos compramos el discurso de la izquierda y que somos unos blasfemios al exponer estas ideas.

En los primeros días que fuimos en ayuda a los damnificados por el terremoto, el problema de la desigualdad se nos hizo más evidente que nunca. En el sector de Tongoy, ubicado a 40 minutos de la zona urbana de Coquimbo, el nivel de las construcciones afectadas y la distribución geográfica de estas dan muestra que fueron al azar, sin ningún tipo de planificación técnica, la ayuda tardó en llegar, comparado a otras zonas, a pesar de estar sólo a 40 minutos de la ciudad, el motivo es simple: Es casi un pecado nacer y/o vivir en zonas alejadas de la conurbación, en otras palabras una persona que nace o vive en la ciudad tiene más oportunidades de sortear con éxito una catástrofe que otra que vive más alejada y en esto la preparación, el esfuerzo y el mérito personal no hacen la diferencia. La desigualdad se produce sólo por vivir en lugares distintos.

Nuestra diferencia con la izquierda es que esta busca y anhela la igualdad de resultados, menospreciando el esfuerzo y mérito individual, nosotros en cambio valoramos la iniciativa privada y el esfuerzo personal

La desigualdad no es un concepto de izquierda, más bien la izquierda se ha apropiado de ella. El senador Allamand ha expuesto lo siguiente: “Hay que asumir que la desigualdad importa, y al mismo tiempo, que el crecimiento por sí solo no resuelve el problema. Después, convencerse de que la desigualdad, al margen de los problemas sociales y de justicia que genera, tiene efectos negativos tanto en el crecimiento como en la disminución de la pobreza, que sí son prioridades para la derecha. Los países más igualitarios crecen más y son más eficaces para disminuir la pobreza que aquellos que no lo son.”

El mundo liberal no debe sentirse amenazado por reconocer la desigualdad como problema país, en política tenemos que entender y saber distinguir cuando algo se transforma en problema y si gran parte de los chilenos se ve afectado por la desigualdad, más allá de que podamos o no estar de acuerdo, tenemos el deber de darles una solución a dicho problema y para satisfacción del sector las respuestas claramente son liberales y distan mucho de la receta socialista: crecimiento, empleo y educación de calidad son la clave para reducir la desigualdad.

Nuestra diferencia con la izquierda es que esta busca y anhela la igualdad de resultados, menospreciando el esfuerzo y mérito individual, nosotros en cambio valoramos la iniciativa privada y el esfuerzo personal, pero si queremos emparejar la cancha debemos apoyar a toda costa la igualdad de oportunidades, porque nadie elige donde nacer ni el capital económico de su familia.

 

 

Columna publicada por El Mostrador, el 27 de septiembre de 2015.