El segundo tiempo en la reforma educacional

Por Carlos Williamson B. – Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales UC

El Senado tendrá en las próximas semanas la oportunidad de elevar el nivel de un debate sobre la reforma educacional, que perdió sustancia y ha quedado preso en profundas trincheras ideológicas. Se han tejido cinco mitos.

Mito 1: Los colegios particulares con fines de lucro obtienen importantes excedentes, del orden de los US$ 400 millones anuales, que se restan de la actividad educativa.

No es efectivo. De las rendiciones de cuenta de todos los colegios en 2012, se advierte que los excedentes anuales de los colegios con fines de lucro fueron US$ 56 millones, de modo que el excedente mensual por alumno alcanzó a $ 2.396.

Mito 2: Hay que controlar el destino de las subvenciones incorporando variadas cortapisas burocráticas, porque hay sospechas de que se desvían para fines no educativos.

Los fondos son fungibles, pero las matemáticas no se equivocan. Las subvenciones en los colegios particulares han financiado, básicamente, gastos necesarios para los proyectos educativos: pagos al personal, servicios básicos y recursos de aprendizaje y asesorías en educación. Los arriendos, compras de inmuebles u otros gastos fueron financiados con otras fuentes de recursos.

Mito 3: No hay evidencia de que la educación particular exhiba mejores resultados que los colegios municipales en las pruebas estandarizadas.

Otra falacia. El año 2012, los colegios particulares subvencionados exhibieron puntajes promedios significativamente más altos que los colegios municipales. En Simce, +32 puntos; PSU, +48 puntos.

Mito 4: Al ajustar por el componente socioeconómico, la educación particular deja de tener ventajas en el rendimiento académico de los alumnos.

No es así. Los colegios particulares que cuentan con, al menos, un 40% de estudiantes prioritarios, o sea, de menor nivel socioeconómico, y por ello acceden a la subvención preferencial, comparados con los colegios municipales que también tienen un porcentaje similar de estudiantes bajo esa condición, tuvieron un diferencial en el Simce de +25 puntos y en la PSU +35 puntos. Al subir a un 60% de alumnos vulnerables, los particulares obtienen +19 puntos en el Simce y +30 puntos en la PSU, y al subir a 80% tampoco hay cambios en la tendencia: + 16 puntos en el Simce y + 25 puntos en la PSU.

Mito 5: En todo caso, los colegios que persiguen el lucro sí tienen igual o peor rendimiento académico que los municipales.

Tampoco es efectivo. Los colegios particulares con fines de lucro obtuvieron en promedio en la PSU +37 puntos y en el Simce, +27 puntos. Y al compararlos cuando ambos tienen al menos un 40% de alumnos prioritarios, se mantienen las ventajas en favor de los particulares: en Simce +20 puntos y en la PSU +16 puntos.

Una política pública focalizada hacia la calidad debe hacer hincapié en aquellos colegios que tienen bajos resultados, y no concentrar las pulsaciones en acabar con modelos educativos que hacen bien su tarea. La reforma educacional apuesta a intervenir en el mundo privado con dos consignas de dudosa veracidad: las ganancias económicas y el copago deben eliminarse, lo que arriesga perder buenos proyectos y un reemplazo innecesario de gasto privado por gasto público. Por ello, es crítico que en el nuevo escenario a estos colegios se les den espacios para adaptarse o reconvertirse, resguardando un legítimo patrimonio y evitando el cierre. Recordar los riesgos de la imprudencia, no es campaña del terror.