En estos días de profundo debate y ánimo dialogante entre las fuerzas políticas para rayar la cancha frente al proceso de nueva constitución que viviremos en 2020, se ha logrado un genuino espíritu de establecer las mayores fórmulas inclusivas y participativas posibles.

Sin querer jugar al “aguafiesta”, pero en el calor de la emoción podemos establecer barreras de entrada mínima, que no aseguran necesariamente un ejercicio democrático más pleno o cabal.

La posibilidad que los menores de 18 y mayores de 16 puedan votar en los plebiscitos de entrada y salida, es paradojalmente declarar que existen ciudadanos de primera o segunda categoría democrática, o elecciones más o menos importantes.

¿Por qué vamos a considerar un incentivo que un menor de 17 años vote en una elección municipal? ¿Acaso creemos que la elección de un alcalde y un concejo municipal es menos importante que escoger a la máxima autoridad de un país, por ejemplo?

En todas las democracias plenas existen ciertas barreras y simbolismos, el adquirir la ciudadanía implica el asumir de pleno los derechos y obligaciones, el sufragio es un acto de máxima noción civil, que inclusive importa ciertas obligaciones como ser vocal el día del acto eleccionario.

El juego peligroso de establecer como una máxima la participación de menores de edad, es caer en la ilusión que sería un proceso fallido, si esta no se concreta y siendo aún más claro es sin duda una interpretación o jugada electoral de parte de la izquierda democrática chilena, ya que existe la creencia que muchos de esos eventuales votantes podrían convertirse en un electorado fiel.

En Chile las tasas de abstencionismo varían entre el 50% y 60%, asumiendo que se acuerda la participación de los menores de 18 y mayores de 16, es que esa abstención aumente aún más.

Es mucho mejor que todos los actores políticos y sociales incentiven a esa parte de nuestra población a participar, no sólo con el voto en una urna, además acompañando el proceso participativo, que en el cual no hay impedimento de edad.

Utilizando la lógica de habilitar como ciudadanos como electores, a aquellos que aún no pueden participar, bueno, deberíamos también permitirle a ese millón doscientos mil migrantes que aún se encuentran dentro de los primeros años de residencia en nuestro país.

La democracia, al igual que la amplia gama de derechos y libertades civiles, implica tiempos y formas, a veces confundimos requisitos con exclusión, y la democracia es un espíritu, pero con nociones regladas. No debemos caer en el entusiasmo de no rayar la cancha, ya que, tanto en el fútbol como en la política, no todo es cancha.

Camilo Morán
Concejal de Lo Prado
Comisión Política RN