¿Economía Social de Mercado o Economía de Libre Mercado?

Por Felipe Mancilla Mejías – Militante RN

En el último tiempo, nuestro partido ha decidido enfrentar un serio debate respecto a su declaración de principios. Uno de los temas a discutir, será – con todo el rigor académico que exige el desafío- con que modelo económico nos identificamos y cual queremos promover a la sociedad.

En ese sentido, como partido deberemos preguntarnos si optamos por una Economía Social de Mercado (ESM)  -tal como se señala en la actual declaración de principios- o por una Economía de Libre Mercado. Debido a que la discusión, obliga a entender que ambos modelos económicos responden a visión de hombre y sociedad distintos, esbozaré porqué como partido optamos por una Economía Social de Mercado, cuáles son sus características y que desafíos exige optar por este modelo.

En primera instancia, se establece que el término ESM fue acuñado por un grupo de académicos, economistas y políticos ordoliberales provenientes de la escuela alemana de Friburgo; entre los personajes más destacados resaltan Wilhem Röpke, Eucken, Rüstow, Armack – Müller y L. Erhad, entre otros. Ellos partían de la base, que el modelo económico debía comprender que la persona es un ser moral – no confundir con religión- lo cual implica entender que el ser humano es un ser dotado de espiritualidad y que es trascendente en el tiempo. Si se analiza esto desde el punto de vista de los principios de nuestro partido, nos daremos cuenta que el primer principio que declaramos – creer en el orden moral objetivo – va en absoluta concordancia con el modelo económico que promulgamos. De hecho, si optamos por el cambio de nuestra declaración de principios y aceptamos a la ESM como modelo económico, se exige al menos comprender la antropología del ser humano.

Desde el punto de vista de la libertad, los padres fundadores de la ESM creían que ésta a diferencia de la escuela de Hayek, no se puede entender sin la justicia social, en ese sentido ambos principios se exigen mutuamente, es decir, la libertad deja ser entendida sólo como ausencia de coacción. En esa lógica, son los mismos fundadores de la ESM que refutan los planteamientos de Axel Kaiser sobre el principio de justicia social, ya que éste declaró en un medio que “ésta ha sido una de las causas centrales en la ruinosa crisis actual de las sociedades occidentales, por lo tanto es probablemente un concepto nocivo para la estabilidad”.

En función del rol que le compete al Estado en materia económica y social, se establece que la ESM debía estar al servicio de la persona humana bajo principios de ayuda o estimulo (subsidiariedad). En ese marco, la ESM exige comprender al principio de subsidiariedad con sus dos dimensiones –negativa y positiva-. Al comparar los principios de nuestro partido con lo que declara la ESM, podemos evidenciar que ambos creen en la función subsidiaria del Estado; lo cual permite determinar que nuestros principios son coherentes con la filosofía económica de aquel modelo – al menos en el papel-. A partir de ello, surge la duda si el actuar que ha tenido tanto el Estado junto con el mercado permiten profundizar la dimensión positiva del principio de subsidiariedad, para de esta manera tener una genuina Economía Social de Mercado.

Respecto del carácter que debe tener el Estado, tenemos que por un lado los estatistas lo comprenden con un rol de tipo benefactor; por otro lado, los liberales lo entienden como un Estado guardián, mientras que los partidarios de una ESM comprenden que el Estado debe tener un carácter social. Aquello, implica seguir una economía de inspiración descentralizada, es decir, se debe generar un apoyo político, económico social y cultural desde los cuerpos intermedios mayores a los menores, como lo pueden ser las regiones, provincias, familias, entre otros, bajo principios de Libertad, Solidaridad, Subsidiariedad –en sus dos dimensiones- y Justicia Social.

Desde la arista de la contingencia política, la ESM permite interpretar – al menos así lo creían los fundadores de ella- que la desigualdad si es un problema, en la medida que ésta tiende a perder lo que hay en común entre una persona y otra. Por la “vereda del frente”, nuestros amigos seguidores del libre mercado establecen que la desigualdad no es un problema, sino que al contrario, el verdadero problema sería la pobreza, ya que por esencia el ser humano no es igual a otro y lo que estaría en juego son las injusticias y no la desigualdad.

Respecto al sentido de la creación de la empresa, la ESM intenta hacer un esfuerzo de superación en la estéril dicotomía laissez – faire vs colectivismo, por ello siempre se han mostrado partidarios de la creación de formas industriales mucho más humanas. De allí se sigue que, la constitución de una empresa permita acentuar el rol social de ésta y no sólo el sentido de la productividad. Por ejemplo, en la obra de W. Röpke “la crisis social de nuestro tiempo”, éste declara que “la ESM es la oposición a la hipervalorización de lo económico – economicismo- y que constituye, por lo demás, la base de la concepción materialista de la historia”. Pues es en esa lógica, donde los sindicatos y el respeto a la dignidad del trabajador juegan un rol fundamental, ya que no se concibe una ESM sin una debida organización de sus trabajadores.

De esta manera, se desprende que la ESM no es un simple modelo económico, sino que es un modelo de corte político, social, moral y económico a la vez. Si como partido estamos realmente dispuestos a tener una genuina ESM, aquella que promueve la familia, la descentralización como mecanismo efectivo para asegurar una sociedad libre y humana, los sindicatos, la capacidad emprendedora del hombre, un Estado Social, entre otros, debemos tener claro en que estamos fallando y que nos ha impedido establecer aquel modelo que promulgamos en nuestros principios.  El desafío es arduo y exige interiorizarnos en todas las aristas de la vida social – Medio Ambiente, Educación, Salud, Familia, configuración de las ciudades, entre otros- comprendiendo que el ser humano es trascendente en el tiempo y social.