Cambio al binominal: Más representantes, menos representados

Por Daniela Rauld – Consejera General

Luego de la aprobación en general del proyecto que reforma nuestro actual sistema de elecciones en su segunda etapa ya en la cámara alta, las primeras generalizadas opiniones y comentarios son de alegría o satisfacción ante el inminente termino del sistema binominal. ¿Pero cuánto de cierto es esto con la propuesta presentada por el Gobierno? ¿Qué es lo que realmente se modifica y cómo nos beneficia a los ciudadanos “de a pie”?

Seamos críticos y honestos en el lenguaje. Binominal significa en palabras básicas que actualmente son 2 bloques los que tienen más posibilidades de resultar electos, porque son 2 los cupos por distrito y por la fórmula matemática que se ocupa para hacer el cálculo de elección. Con la actual propuesta, así como está, ¿en que cambia si la mayoría de las regiones quedan igual? Y peor aún aumentan los cupos en aquellos distritos más centralizados debido a su densidad poblacional segregando más todavía nuestro territorio permitiendo que el sistema siga siendo binominal para unos y proporcional para otros.

Se propone cambiar el distritaje para pasar de los actuales 38 a 50 diputados y de 120 a 155 senadores, y hasta ahora, nuestra región sin cambios, porque somos muy pocos, ¿pero acaso nuestras necesidades también lo son? ¿Cómo vamos con la regionalización en esto?. Y más profundo aún ¿cuánto le costará a nuestro país esto? Porque no es posible seguir sosteniendo irresponsablemente que en nada cambiará el presupuesto con estas modificaciones, a no ser, claro, que los senadores vayan a legislar para bajarse los sueldos a ellos y a los parlamentarios, que recordemos hace unos meses cuando se comentó esta idea se incomodaron con la sola idea.

Caben bastantes dudas incluso en la forma en la que se ha generado este proyecto, que a diferencia de otros no ha tenido ni la menor consulta a través de comisiones u otra instancia de incorporación de una apreciación más técnica acerca de lo que como país necesitamos, cuál sería la más correcta o necesario progreso respecto de nuestra historia y evolución social, quizás existan muchas más alternativas para esta y otras reformas si seriamente asumiera nuestro parlamento que no son dueños de ninguna verdad y que con las consultas pertinentes es posible llegar a un mejor sistema, que se requiere tiempo prudente que en muchas ocasiones van más allá de un periodo gubernamental, que no se trata de una reforma para un Gobierno sino para la sustentabilidad de un Estado en el tiempo.

Lo que si tenemos que reconocer es que es primera vez en el año que vemos un real, concreto y directo debate en una reforma, en este tema sí que es posible generar el dialogo necesario para modificar una ley que desde todas las perspectivas es una buena y necesaria idea, pero un mal planteamiento, claro está que las razones del debate son absolutamente diferentes, algunos porque pierden cupos, otros por los pocos que ganan, y por supuesto hay también de los que quieren hacer de esta oportunidad un definitivo cambio que vaya en beneficio de nuestra democracia, la inclusión y la mayor participación ciudadana, hemos de esperar que este sea el espíritu que prime en el resultado final del debate, que los temas que importan y tanto esperan sean incluidos como también aquellos que se requieren para hacer más moderno y descentralizado sistema, que se incorporen las modificaciones necesarias a la propuesta de cuotas que asegure una mayor participación de las mujeres desde las primarias.

El sistema tal y como lo conocemos no puede sostenerse, y ya llego a su fin con última votación, pero he de esperar que esta sea otra reforma que nos farreemos por la falta de dialogo y visión, por ahora solo nos queda elevar nuestras oraciones para que nuestros parlamentarios tengan la altura de miras de legislar para todos y todas y que no se torne meramente en un sistema con más representantes y menos representados.