Alternativas energéticas

Por el diputado Bernardo Berger

El tema de la calidad del aire se volvió recurrente en Valdivia. Y más allá de las obviedades y a costa de sonar simplista, el poco uso de alternativas de energía respecto de la leña es gravitante. Accesibilidad y costo parecen ser las razones más evidentes.

La restricción de uso de leña en emergencias tampoco ha servido para obtener efectos hacia una reconversión energética del hogar, al menos no que incida en las estadísticas finales.

Y es que la leña sigue siendo, por mucho, el sistema preferido entre la VI y la XI regiones. Según un estudio de 2015, el 81% la considera su principal fuente de energía, seguida del gas natural (9%), parafina (5%) y gas licuado (4%). Apenas un 1% usa carbón, electricidad o pellets. En Los Ríos, 108 mil 945 hogares la prefieren, o sea, el 94,5% de la población, y se usa para calefacción (97%), cocina y a agua caliente sanitaria (3%).

Esto da dos verdades a considerar si queremos un cambio hacia un aire más limpio en plazos relativamente acotados. Primero: las conductas son de lenta modificación, más si repasamos los de calefacción, profundamente arraigados en las familias sureñas. Segundo: si hay una ventana real de cambio, éste pasa por resolver los problemas de accesibilidad y de altos costos de aquellas alternativas más a mano, especialmente la electricidad que está a un enchufe pero a varios ceros de la cuenta de la luz de distancia.

Aquí es donde encuentra espacio el proyecto que presenté el 2016 con otros colegas, aprobado por el Congreso y a espera que el Ejecutivo se decida a hacerlo suyo por la vía del patrocinio, que acordó un subsidio directo a los gastos de electricidad y otras fuentes de calefacción alternativas a la leña.

Porque no basta con prohibirle ese 94,5% que prenda combustiones, calderas y cocinas en episodios críticos, si no va acompañado de incentivos que hagan atractiva la alternativa. Y mientras no avancemos en una diversificación significativa de la matriz energética nacional, no se ve otra manera de reducir costos de energía eléctrica sino a través del subsidio directo, traspasado a los usuarios en la cuenta de la luz, o colectivamente según lo que aportan a la reducción de emisiones. Tarea para quienes tienen a su cargo este desafío.